ALLÁ POR LOS 90.
Existe un resultado futuro e inalterable cuando algunos legisladores y jueces laborales cuando toman decisiones que terminan beneficiando a las grandes corporaciones aseguradoras y que se materializa en la constante obstaculización de satisfacer el anhelo de justicia y de paz social que persigue nuestra olvidada constitución nacional. Ese resultado al cual se llega muy fácilmente es la anomia misma. 
En los principios de la década los 90 el Dr. Carlos Nino materializó toda su decepción y tristeza personal en un libro que se llama “Un país al margen de la ley”. En dicha obra (La cual recomendamos) habla de la “anomia boba”, la cual sintetiza en una frase brillante “En la Argentina es caro y engorroso cumplir la ley y barato y fácil no cumplirla”. 
Es difícil pensar que dicha obra sea el libro de cabecera de gran parte de los empleadores argentinos, de los dueños de las ART y, en especial, de algunos jueces y legisladores.  Pero de alguna manera explica porque a la Argentina le va como le va.
El Poder Judicial no escapa a la gran debilidad institucional que sufre la Argentina, que históricamente padece de “anomia”, una palabra que delata, en parte, el no cumplimiento de las normas y en parte la ausencia de normas para regular la vida social. 
En nuestro país la corrupción es sinónimo de privación de la justicia. La sociedad suele inculpar al sistema político por este mal, pero aquella olvida que todas las fechorías y calamidades en el Estado ocurren porque hay un poder judicial que mira para otro lado. 
No hay democracia real ni Estado de Derecho sin jueces honestos y sin un poder judicial que haga honor a su misión originaria de hacer respetar la constitución nacional.
En una república democrática, lo único indiscutible es el imperio de nuestra constitución nacional que debe ser pareja para todos y es la que nos iguala a todos, pero esta tan noble idea es violada sistemáticamente por algunos jueces laborales que no son imparciales, es decir que no fallan según el espíritu de las leyes sino buscando satisfacer intereses de grupos económicos y políticos, entonces el Estado de Derecho desaparece.
La obra del Dr. Nino nos permite tomarnos la libertad para utilizarla y explicar a la perfección porque la mayoría de los empleadores no cumplen con sus obligaciones impositivas y laborales, porque las ART nunca cumplen con sus tareas de prevención y de prestaciones médicas y dinerarias y porque el Estado ante éstas reiteradas inobservancias no hace nada y solo se dedica a protegerlos.
Esta situación genera un campo fértil y una zona liberada para que los trabajadores sigan siendo objeto de constantes incumplimientos y por ende víctimas de accidentes laborales y de enfermedades profesionales. 

 

REVICTIMIZACIÓN DEL TRABAJADOR.
Pero cuando analizamos más detalladamente la situación de un trabajador lesionado o enfermo es mucho más triste la realidad de aquel ya que si decide iniciar un reclamo, ya sea vía administrativa o judicial, sufrirá una revictiminzación ya que la anomia de la cual hablamos no solo anida en el sistema de riesgos del trabajo (ART y SRT), sino también en los pasillos de la mayoría de los juzgados laborales. Cuando las leyes no se cumplen ni se hacen cumplir el principal afectado es el más débil y esa ideal de equilibrio que se intenta proteger terminando fracturándose como una copa de cristal que cae al suelo.
Cuando el trabajador fue víctima de un sistema de riesgos de trabajo que no es controlado o que no es sancionado ante el incumplimiento sufre dos veces. La primera vez cuando el trabajador fue afectado en su salud como consecuencia del incumplimiento de una entidad privada (ART) y de un organismo público (SRT) que debían velar por su salud. La segunda vez cuando decide iniciar un reclamo (Administrativo o judicial) para obtener una reparación económica e ingresa a un mundo donde las reglas de juego no son claras, donde no existe eficiencia en la administración de justicia y donde la falta de respecto a las normas y la permanente impunidad de los deudores laborales hacen aumentar la angustia, la indignación y principalmente la incertidumbre del trabajador al punto tal de dejarlo vejado y desprotegido. 
Cuando un trabajador fue víctima de un siniestro laboral se generan cambios en su vida personal, familiar, laboral, y/o social no solo por la lesión y por el trauma psicológico que le dejó la misma sino por la ausencia misma del Estado que en vez de asistirlo trata de deshacerse del mismo como si fuera un virus.
Esta revictiminzación en las comisiones médicas o en los despachos judiciales tiene el efecto inequívoco de debilitar, doblegar la voluntad del trabajador reclamante para hacerlo desistir de pedido de reparación económica para evitar erogaciones de las arcas de las aseguradoras. 
Evidentemente, un pequeño sector los jueces laborales son dependientes del poder político de turno y son esclavos de aplicar normas que terminan beneficiando a un sistema perverso a costa de la integridad psicofísica del sujeto de tutela preferente. Todo éste circo romano judicial se traduce en sacarse de encima los expedientes para hacer transitar al trabajador por un sistema administrativo perverso y protector de las cuentas bancarias de las ART. 
La anomia boba del Dr. Nino sólo puede ser combatida mediante una justicia laboral independiente y no oportunista que se dedique a impartir justicia sin olvidar que el trabajado siempre es el protagonista débil en toda ésta triste historia. Expresión de este fenómeno sociológico es la deserción del Estado de sus funciones básicas, como garantizar la seguridad y prestar un servicio de justicia que sea imparcial, honesto y eficiente. Esto último representa un forzoso olvido de todos los párrafos del Art. 14 bis de nuestra violada Constitución Nacional.
En conclusión, y adaptando la obra de Nino al tema que abordamos, en nuestro país es más fácil recaudar que prevenir.  

LA ANOMIA BOBA QUE ALIMENTAN LAS ART.

RIESGOS DEL TRABAJO
20/05/2018
Nahuel Altieri - Laboralista
www.altierilegal.com
La mentira es sin duda la más importante herramienta a la hora de estafar a alguien. La frase universal “miente miente, que algo queda” es hasta el día de hoy discutida en lo que respeta a su autoria ya que algunos se la adjudican a Joseph Goebbels, otros a Voltaire y otros a Medion de Larisa. La cuestión es que el mercado asegurador siempre se mostró como víctima de una conspiración que tiene el solo objetivo de vaciar a sus cuentas bancarias a través de un sinfin de fraudes. ¿Esto es cierto?.